| El "cuerpo" del vino, su estructura,
se refiere a su mayor o menor untuosidad o ligereza
en la boca. Hay vinos más densos, con más
presencia, que nos parece que llenan la boca y vinos
ligeros con mayor sensación de fluidez.
En ocasiones decimos que un vino "raspa".
Ocurre que los vinos tintos tienen taninos, sustancias
vegetales que en contacto con las paredes de la cavidad
bucal y de la lengua dan rigidez a la mucosa que cubre
estas partes de la boca.
No hay que olvidar que la astringencia, la sensación
tánica del vino, evoluciona con el tiempo.
En botella los taninos se suavizan, se funden, el
vino se redondea, suaviza y aterciopela.
La temperatura del vino, percibida en la boca, juega
un papel esencial en los aromas del vino, e influye
en la percepción del gusto y de la tanicidad.
La temperatura ideal para los vinos tintos envejecidos
está entre 18 y 20º.
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