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El frío de invierno y la viña, buena pareja

El invierno por La Rioja está pasando sorprendentemente suave. En lo que llevamos de siglo XXI las estaciones del año parecen estar cada vez menos definidas y este invierno a juzgar por lo vivido lo  deja claro. La nieve es cada vez menos frecuente, y casi un privilegio de las cumbres más altas de nuestras Sierras. Por contra, un potente anticiclón nos deja desde comienzo de año algunas heladas blancas, esas en que la escarcha tiñe de blanco el campo ayudando a proteger a nuestras cepas -pues el hielo puede ejercer curiosamente como anticongelante- y el intenso frio elimina muchos organismos y patógenos perjudiciales.

La cepa necesita frio para su descanso invernal y sin este frío habría más plagas y otras amenazas como brotaciones más tempranas como indeseadas.

¿Por qué hay que podar la viña en invierno?

En invierno la cepa duerme, como casi todo el campo. Hiberna para hacer frente a la bajada de temperaturas y reduce el flujo de savia para ahorrar energía.

En su estado natural la vid es una liana y como buena trepadora crece sin control. Podando, controlamos este crecimiento definiendo la forma de la cepa (en vaso o en cordón) y el número de yemas y por lo tanto de racimos potenciales que esperamos obtener. Si no se podase, la vid daría uvas pequeñas y ácidas, irregularidad en el volumen y sin aptitud para elaborar vino con ellas.

Los cortes que hacemos para podar los sarmientos los  sellamos con una “mástic” ecológico que previene infecciones de enfermedades de madera (EMV) y acelera la cicatrización.

En VALENCISO limitamos el número de yemas de crecimiento y regulamos el vigor y producción de las cepas. El vigor se asemeja a la salud de las personas, un defecto o un exceso de vigor da lugar a muchos problemas. Ponemos la clave en el equilibrio que da un vigor medio.  Buscamos así un rendimiento entre los 5.000 – 5.500 kilos por hectárea mientras que en la D.O. C. Rioja está permitido hasta los 6.500 kg/ha. Como cualquier frutal y dentro de un margen cuanta menos cantidad, más calidad. El carácter sabroso de nuestro vino empieza aquí. Los grandes vinos se hacen en el viñedo.

Estamos convencidos de trabajar el campo sin agotar los recursos, sin dañar el medio ambiente, con cuidado para la salud, respetando la fauna y microfauna, y en términos de calidad del vino: la vida del suelo, y conseguir la perfecta maduración. Por eso cuidamos nuestro viñedo en ecológico.

Al contrario de los que gestionan el viñedo con productos de síntesis. Donde para incrementar rendimientos utilizan abonos o productos químicos para combatir plagas/enfermedades que acaban por agotar toda la vida y equilibrio natural propios del complejo suelo-cepa.

Estos días de “verano” en febrero no son buenos para el campo. Se atemperan los suelos, las raíces se activan, y la savia comienza a fluir. Confunden a la cepa pues todavía es invierno y las temperaturas o daños por heladas de primavera pueden suceder. Pero esto es la agricultura: incertidumbre, tensión, emoción. No hay fechas fijas y con el calentamiento global es más incierto y menos predecible el tiempo atmosférico.

Afortunadamente las cosechas que salen de VALENCISO (la 2003 y 2013 no salieron)  ofrecen la belleza del viñedo con unos vinos sabrosos, equilibrados y elegantes. Vinos para disfrutar hasta la última gota ¡qué nunca te falten! Buen fin de semana

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